Hoy
deseo repetir una vez más: ¡la Iglesia tiene necesidad de la Acción
Católica!
La
Acción católica ha sido siempre, y debe seguir siendo, crisol
de formación de fieles que, iluminados por la doctrina social de la Iglesia,
están comprometidos en primera línea en la defensa del don sagrado
de la vida, en la salvaguardia de la dignidad de la persona humana, en la realización
de la libertad educativa, en la promoción del verdadero significado del
matrimonio y de la familia, en el ejercicio de la caridad hacia los más
necesitados, en la búsqueda de la paz y de la justicia, y en la aplicación
de los principios de subsidiariedad y solidaridad a las diversas realidades
sociales que interactúan entre sí.
(Mensaje del Papa Juan Pablo
II a los participantes en el Congreso internacional de la Acción Católica)